
Los restaurantes aumentaron 30% su clientela y los hoteles llenaron solo el 65% de sus habitaciones en el arranque de la Copa Mundial de Futbol en la CDMX.
Las matracas, los gritos y las porras de los aficionados se escuchan en las calles de la Ciudad de México desde el pasado 11 de junio que comenzó la Copa Mundial de Futbol.
Los jerseys de las selecciones favoritas circulan como olas en el mar alrededor del Estadio CDMX o el Ángel de la Independencia, donde se festejan los triunfos tras rodar el balón, pero la fiesta no ha llegado aún a su totalidad en restaurantes y hoteles.
Claudia Ramírez del Palacio, presidenta ejecutiva de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), señala que durante la inauguración del Mundial se reportaron ventas 30% superiores, cuando la expectativa era arriba de un 60%.
“Estuvo muy por debajo de las expectativas que nosotros teníamos”, afirma.
Los negocios que tuvieron mejores resultados son aquellos ligados a la venta de alcohol, como restaurantes-bar y cantinas, así como aquellos que prepararon experiencias y promociones especiales para los aficionados. En estos establecimientos se recibieron entre 30% y 50% más clientes.
Uno de los principales factores que golpeó a restaurantes, bares, cantinas, fondas, torterías y demás negocios de alimentos y bebidas son las manifestaciones sociales.
Desde un día antes de la inauguración, las protestas amenazaban la llegada de los turistas al Estadio CDMX, por lo que el gobierno capitalino desplegó un operativo para resguardar a los aficionados.
Las madres buscadoras que habían marchado el miércoles por la noche intentaron llegar nuevamente a la sede del encuentro entre México y Sudáfrica, aunque otras tantas decidieron quedarse en el Ángel de la Independencia. Al mismo tiempo, los maestros disidentes hacían lo propio.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) juega un papel protagónico en que la derrama económica no sea la deseada por el plantón instalado en calles del Centro Histórico desde el 25 de mayo y sus movilizaciones que hasta el 18 de junio persisten.
“El 94% (de negocios) ha reportado afectaciones directas por bloqueos y cierres viales, prácticamente nueve de cada 10 establecimientos se han visto afectados en su operación. (…) No solo ese día (de la inauguración del Mundial), cuatro de cada 10 restaurantes nos ha dicho que ha tenido afectaciones por más de una semana”, explica Ramírez del Palacio.
El impacto en los negocios afecta a trabajadores, proveedores y familias cuyo ingreso depende de la llegada de clientes, por lo cual desde la Canirac se ha pedido a las autoridades del Gobierno federal y capitalino conciliar con los grupos manifestantes.
“Hemos hecho un llamado a acelerar los acuerdos que permitan recuperar la movilidad y la actividad económica en la Ciudad de México”, apunta.
Otra muestra de la expectativa no cumplida se encuentra en las habitaciones de hotel. En contraste con eventos como la Fórmula 1 y el Día de Muertos en los que la ocupación hotelera en la ciudad suele rondar entre 80% y 90%, para el arranque del Mundial llegó al 65% .
“Se esperaba que durante esta justa mundialista nosotros tuviéramos una ocupación un poco mayor a esta cifra, sin embargo ahora se está quedando cerca del 65%, muy parecido a un fin de semana”, dice Jessica Guevara, presidenta de Turismo en la Confederación Patronal de la República Mexicana de Ciudad de México (Coparmex CDMX).
La congestión y los cierres viales, marchas y plantones, así como obras de movilidad que no alcanzaron a resolver la alta demanda de transporte tanto de residentes como de turistas de forma eficiente son los principales factores que considera pudieron generar incertidumbre para que aficionados se decidieran a venir a la ciudad.
“Eso hace que también el turista tenga cierta resistencia a llegar a la Ciudad de México, porque no tenemos una facilidad en cuanto a la movilidad, por ejemplo”, apunta la presidenta de Turismo de Coparmex CDMX.
Hace unos días la calificadora Moody's Local estimó que a territorio nacional llegarán alrededor de 768,000 turistas en las tres sedes mundialistas –Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco–, de los cuales 521,000 serían turistas nacionales y 247,000 extranjeros.
La cifra está lejos de la expectativa de 5.5 millones de turistas que la Secretaría de Turismo preveía durante el Mundial de Futbol.
“Las cifras que se dieron desde que comenzó todo el auge cuando venía el Mundial fueron muy altas, la expectativa de que iban a llegar 5.5 millones de turistas al país y que iban a generar una derrama económica de poco más de 60,000 millones de pesos evidentemente no se cumple”, señala la presidenta de Turismo de la Coparmex CDMX.
Pero el torneo todavía no acaba y se espera que la afluencia de aficionados pueda recuperarse en los próximos días conforme vayan avanzando los equipos en el torneo, al verse atraídas las aficiones de selecciones de diferentes países.
Para ello, Guevara considera que es necesario incrementar la inversión en la promoción turística de la CDMX, así como la colaboración entre el Gobierno de la ciudad, el sector privado e incluso embajadas para generar experiencias que atraigan a más turistas.
La esperanza es que se repitan escenas como las que se vieron en el partido Colombia

Los picos de consumo asociados al calor y al torneo internacional evidencian la necesidad de acelerar inversiones en generación, transmisión y distribución eléctrica.
El Mundial 2026 ha puesto el foco en estadios, hoteles y aeropuertos, pero existe otra infraestructura cuya relevancia suele pasar desapercibida hasta que falla: el sistema eléctrico.
En un verano marcado por temperaturas extremas, una creciente electrificación de la vida cotidiana y la llegada de miles de visitantes nacionales y extranjeros, la capacidad de México para mantener encendida la red será tan importante para el éxito del torneo como la logística deportiva.
Llegar a casa y encender la luz, la televisión o el aire acondicionado parece una acción rutinaria. Detrás de ese gesto, sin embargo, opera una compleja coordinación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), supervisada por el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), cuya misión es garantizar que la electricidad llegue en tiempo real y sin interrupciones a millones de usuarios.
El desafío se vuelve mayor durante el verano. Las altas temperaturas incrementan el uso de sistemas de enfriamiento en hogares, hoteles, restaurantes, centros comerciales y espacios de entretenimiento, elevando la demanda de electricidad a niveles cercanos a los máximos históricos.
La tendencia ya se observa incluso en regiones donde el aire acondicionado no era habitual. En la Ciudad de México, por ejemplo, la instalación de estos equipos se ha vuelto cada vez más frecuente para enfrentar olas de calor que han llevado los termómetros por encima de los 30 grados centígrados.
El antecedente más visible ocurrió el 24 de mayo de 2024, cuando la capital registró una temperatura récord de 34.7 grados centígrados en el observatorio de Tacubaya, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
En otras regiones del país, particularmente en el norte, se han documentado temperaturas superiores a los 52 grados centígrados en ciudades como Mexicali y San Luis Río Colorado.
No se trata de eventos aislados. La Organización Meteorológica Mundial catalogó 2024 como el año más cálido registrado tanto en México como a nivel global, una tendencia que sigue modificando los patrones de consumo energético.
La presión sobre la red eléctrica no depende únicamente del volumen de demanda, sino de la capacidad del sistema para responder cuando ocurre una contingencia.
“Si alguno de los centros de generación eléctrica importantes saliera y no tuviéramos el respaldo de las otras unidades para sustituirlo”, aseguró Rodrigo Aranda, ingeniero químico del Instituto Politécnico Nacional (IPN), al explicar uno de los principales riesgos para la estabilidad del sistema.
La demanda máxima histórica registrada en México ronda los 53,000 megawatts. Sin embargo, durante mayo de este año el consumo ya alcanzó niveles cercanos a los 49,000 megawatts, acercándose nuevamente a esos máximos.
Incluso, Ricardo Mota Palomino, entonces director general del Cenace, advirtió recientemente que el país enfrentará un verano “apretado”, aunque sin déficit previsto, con la posibilidad de alcanzar una demanda de hasta 54,000 megawatts.
Para el 16 de junio, las proyecciones del propio Cenace estimaban una demanda máxima diaria de 49,515 megawatts a las 18:00 horas dentro del Sistema Interconectado Nacional, que excluye a Baja California y Baja California Sur por operar de manera independiente.
Aunque México dispone de una capacidad instalada cercana a los 92,000 megawatts, especialistas y autoridades coinciden en que esa cifra puede resultar engañosa.
La razón es que no toda la capacidad instalada está disponible al mismo tiempo. Algunas centrales pueden encontrarse en mantenimiento, otras dependen de condiciones climáticas y algunas más no pueden entrar en operación de forma inmediata cuando ocurre una emergencia.
Por ello, una falla en una central relevante durante un pico de demanda podría desencadenar problemas de suministro si no existe generación eléctrica suficiente para reemplazarla de manera instantánea.
El riesgo también puede originarse en las redes de transmisión. Una interrupción en una línea crítica que transporta electricidad desde regiones con excedentes hacia zonas deficitarias puede dejar sin servicio a estados completos o amplias áreas metropolitanas.
En ese contexto, la organización del Mundial representa una prueba adicional para la infraestructura energética. Aunque el torneo no se desarrolla exclusivamente en México, la llegada de turistas implica una mayor ocupación hotelera, más actividad comercial, más consumo de aire acondicionado, más dispositivos conectados y una demanda adicional concentrada en determinadas ciudades.
“Si bien sí tenemos visitantes, ha sido limitado; sabemos que el Mundial está compartido con otros dos países, y por eso no se ve un impacto suficientemente grande para que pueda presionar las demanda”, explicó Aranda.
Sin embargo, el escenario podría cambiar si la afluencia turística coincide con una nueva ola de calor intensa. En ese caso, el incremento simultáneo del consumo residencial, comercial y turístico podría empujar la demanda a nuevos máximos históricos.
Más que una amenaza inmediata para el torneo, el Mundial funciona como un recordatorio de las vulnerabilidades estructurales del sistema eléctrico mexicano. El crecimiento económico, la digitalización, la expansión de centros de datos, la electrificación del transporte y la mayor necesidad de enfriamiento seguirán aumentando el consumo durante los próximos años.
“Creemos que tenemos suficiente energía, pero no necesariamente, y también hay que fijarse si tenemos energía barata y qué va a pasar hacia adelante. ¿Tenemos la energía suficiente?, pues yo creo que no (…) si bien se están colocando muchos proyectos para crecer nuestra infraestructura eléctrica, estamos bastante atrasados”, aseguró Aranda.
La presión adicional proviene del cambio climático. Fenómenos como El Niño están alterando las condiciones meteorológicas y elevando la frecuencia de eventos extremos, desde sequías e incendios hasta lluvias intensas e inundaciones.
De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, existe una probabilidad de 63% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027, colocándose entre los episodios más intensos observados desde 1950.
Esto implica que las temperaturas elevadas podrían extenderse incluso fuera de las temporadas tradicionalmente más cálidas, modificando de forma permanente los patrones de consumo eléctrico.
“Ahora vemos temperaturas extremas en zonas donde no se tenían como la Ciudad de México, o mucho frío o mucho calor, entonces ponemos el ventilador y el aire acondicionado, o conectando el calefactor, y todo eso está presionando la demanda eléctrica debido al calentamiento global que afecta nuestros patrones de consumo. El reto no solo es generar más electricidad, sino garantizar electricidad confiable, disponible y competitiva en los momentos que el país más lo necesita, y este verano será una prueba de resiliencia”, concluyó Aranda.

El acuerdo entre Irán y EU alivió la presión sobre el crudo, pero el IEPS, las importaciones y otros costos retrasan el efecto en los consumidores.
La firma de un acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán retiró parte de la presión sobre los precios internacionales del petróleo y provocó una corrección en la mezcla mexicana de exportación; sin embargo, el alivio no se reflejará de forma inmediata ni proporcional en los precios de las gasolinas en México.
La experiencia del choque energético de 2022, tras la invasión de Rusia a Ucrania, muestra que el precio al consumidor en el país no se mueve con la misma velocidad ni en la misma magnitud que el crudo internacional. De hecho, cuando el petróleo sube, Hacienda suele amortiguar parte del golpe con estímulos al IEPS; cuando baja, los precios en estaciones se ajustan lentamente y rara vez regresan en términos nominales a los niveles previos.
El antecedente de 2022 muestra que la gasolina en México no replica mecánicamente los choques petroleros. Tras la invasión de Rusia a Ucrania, la mezcla mexicana promedió 89.2 dólares por barril en 2022, frente a 65.8 dólares en 2021; sin embargo, la gasolina regular no tuvo un salto proporcional porque Hacienda absorbió parte del impacto con estímulos al IEPS.
La lógica se repite este año: la mezcla mexicana cayó de 110.26 dólares por barril el 18 de mayo a 73.74 dólares el 17 de junio, una baja de 33.1%, pero eso no implica una reducción inmediata en las estaciones. Además, debe considerarse que México importa la mayor parte de las gasolinas que consume y las adquiere a precios internacionales..
Así, los precios en junio de 2026 se mueven así: la regular se mantiene prácticamente plana en 23.68 pesos por litro, frente a 23.60 pesos en enero; la Premium subió de 25.76 a 28.46 pesos, y el diésel pasó de 26.42 a 27.18 pesos, pese a que ya corrigió desde su pico de abril de 28.46 pesos.
Según Profeco, actualmente el 90% de las estaciones vende la gasolina regular dentro del acuerdo de estabilización de precios.
Por otro lado, la mezcla mexicana cerró el 17 de junio en 73.74 dólares por barril, una baja de 33.1% desde el máximo de 110.26 dólares registrado el 18 de mayo. El precio cayó tras el alivio geopolítico por el acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán y la reapertura gradual del Estrecho de Ormuz.
Aun con la corrección, el crudo mexicano sigue por encima del supuesto de 54.9 dólares por barril aprobado en el presupuesto de 2026, aunque ya se ubica por debajo de los 77.3 dólares previstos por Hacienda en los Pre-Criterios 2027. Entre el 1 de enero y el 18 de junio, la mezcla mexicana promedió 81.44 dólares por barril. Ese nivel supera en 26.54 dólares el precio presupuestado y en 4.14 dólares la previsión revisada.
Con base en los cálculos de sensibilidad de Hacienda sobre las variaciones en el precio del petróleo, cada dólar adicional en el precio del petróleo aporta 9,600 millones de pesos a los ingresos petroleros.
Así, el promedio acumulado implicaría un beneficio potencial de 254,800 millones de pesos frente al presupuesto original y de 39,700 millones frente a Pre-Criterios, si el promedio anual cerrara en esos niveles.
El mayor precio del crudo ayuda a los ingresos petroleros, pero no garantiza una mejora fiscal neta ni una baja inmediata en la gasolina. Hacienda aún prevé ingresos presupuestarios 59,318 millones de pesos menores a lo aprobado para 2026, mientras los precios al consumidor dependen también del IEPS, el tipo de cambio, la logística y los costos de refinación.

El país registró uno de los mayores retrocesos en la edición 2026 del World Competitiveness Ranking del IMD. Los principales rezagos se concentraron en eficiencia gubernamental e infraestructura.
México retrocedió siete posiciones en la edición 2026 del World Competitiveness Ranking del Instituto de Desarrollo Gerencial (IMD); a pesar del lugar 55 que tenía, ahora se encuentra en el puesto 62 entre las economías evaluadas. La caída refleja un deterioro en la posición competitiva del país en un índice que mide la capacidad de las naciones para generar y mantener un entorno favorable para las empresas.
El desempeño de México fue desigual entre los cuatro pilares que integran el ranking. Mientras que en desempeño económico se ubicó en la posición 39, ocupó los lugares 54 en eficiencia empresarial, 61 en infraestructura y 62 en eficiencia gubernamental, su peor resultado dentro de la medición.
Los resultados del ranking muestran que los principales desafíos para México se encuentran en las áreas relacionadas con el funcionamiento de las instituciones públicas y el desarrollo de la infraestructura.
La eficiencia gubernamental fue el componente con el desempeño más débil al ubicarse en el lugar 62. Este indicador evalúa factores relacionados con las finanzas públicas, la política fiscal, el marco institucional y el entorno regulatorio.
En infraestructura, México alcanzó la posición 61, lo que refleja retos en elementos físicos, tecnológicos, científicos y educativos que influyen en la capacidad productiva de una economía. En contraste, el mejor resultado del país se registró en desempeño económico, donde ocupó el lugar 39, mientras que en eficiencia empresarial se situó en la posición 54.
La combinación de estos factores llevó a México a descender siete escalones respecto a la edición anterior del ranking.
A pesar de la caída en la clasificación general, el IMD identifica algunos factores que continúan respaldando la competitividad de México. Entre ellos destacan el tamaño de la economía, como los costos laborales competitivos y el desempeño de las exportaciones de alta tecnología, elementos que el organismo considera ventajas dentro del entorno económico del país. En la siguiente gráfica, se puede mostrar cuáles son los indicadores en los que México se colocó durante el ranking de IMB.
México es uno de los países en el que su economía puede entrar a la competitividad mundial debido a su crecimiento deficiencia de diferentes rubros que son calificados y comparados con diferentes naciones.
Es importante recordar que México se movió en diferentes puestos desde el 2022, en el que su movimiento había estado entre el lugar 55 al 56, sin embargo, esta edición cayó significativamente.
Su mercado interno, combinado con una amplia base manufacturera y una fuerte integración comercial de América del Norte, le permite mantener una posición relativamente favorable en el componente de desempeño económico. De hecho, este fue el mejor evaluado en la posición 39, muy por encima de los resultados obtenidos en la infraestructura y eficiencia gubernamental.
El reporte también destaca los costos laborales competitivos como uno de los factores que fortalecen el atractivo económico del país. Esta ventaja contribuyó a consolidar sectores industriales orientados a la exportación y favoreció la instalación de operaciones manufactureras en distintas regiones del territorio nacional.
Otro de los elementos señalados por el IMD es el comportamiento de las exportaciones de alta tecnología. La presencia de industrias vinculadas a la manufactura avanzada a cadenas de suministro globales permitió a México mantener una participación relevante en mercados internacionales con productos de valor agregado.
Sin embargo, el informe muestra que estas fortalezas no fueron suficientes para compensar los rezagos observados en otros componentes de la competitividad. Aunque el país conserva ventajas económicas relevantes, la distancia entre su desempeño económico y sus resultados en infraestructura y eficiencia gubernamental evidencia los desafíos que siguen limitando una mejora en la clasificación general.
El reporte también enumera cinco desafíos prioritarios para mejorar la competitividad del país.
El primero es aprovechar las oportunidades del nearshoring mediante el fortalecimiento de la infraestructura logística.
También plantea la necesidad de impulsar la innovación y el desarrollo tecnológico. fortalecer el mercado interno, mejorar la educación y la capacitación de la fuerza laboral, así como garantizar la seguridad energética para sostener el crecimiento económico.
La edición 2026 del ranking muestra que México mantiene ventajas relevantes en tamaño de mercado y costos competitivos, pero continúa enfrentando rezagos estructurales en áreas claves para mejorar su posición frente a otras economías. La caída de siete lugares en la clasificación refleja el peso que estos desafíos siguen teniendo sobre la competitividad del país.