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NOTICIAS DEL DÍA (13 DE FEBRERO DE 2026)

Escrito por: AS Consulting Group13/02/2026

El alza del IEPS golpea a las tienditas: ventas caen hasta 20%.

El alza del IEPS golpea a las tienditas: ventas caen hasta 20%.

El aumento al IEPS en cigarros y bebidas azucaradas reduce la rotación en pequeños comercios, obliga a los clientes a cambiar marcas y tamaños, y empuja a proveedores a ofrecer promociones para sostener ventas.

Las ventas en las tienditas de barrio cayeron entre 15% y 20% tras el aumento del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a cigarros, refrescos y bebidas azucaradas que entró en vigor el 1 de enero, lo que ya afecta la rotación de mercancías.

En una tienda de abarrotes ubicada en la colonia San Simón Tolnáhuac, los refrigeradores y anaqueles lucen llenos. Refrescos de diferentes marcas y presentaciones ocupan los espacios a la vista de los compradores, junto con jugos, leches y bebidas energéticas. Todos estos productos azucarados tienen en común que aumentaron 3.08 pesos por litro por ser artículos con azúcares añadidos.

sabel Contreras, la administradora y dueña del negocio local, no sólo reconoce cambios de hábitos en los consumidores como una respuesta ante el incremento de precios por el impuesto de los cigarros o refrescos, dos productos que representan buena parte de su venta diaria, sino que también cuenta que el aumento de tarifas se convirtió en un tema recurrente de conversación con sus clientes en el mostrador.

“Hay algunos despistados que no sabían del aumento, sobre todo de los cigarros. Hay quien se enoja y nos reclama, como si de nosotros dependiera”, cuenta la tendera. “Lo que ha pasado es que la gente no deja de fumar, solo cambia los Marlboro por los Chesterfield, que son más baratos porque los otros ya cuestan más de 100 pesos. El vicio es caro”, dice entre risas.

El panorama en la venta de refrescos es similar. Isabel relata que hay quien compra las botellas más pequeñas de 200 mililitros en lugar de las de 500 mililitros, y a la hora de la comida o cena, la opción ya no es una Coca-Cola no retornable de más de 50 pesos, sino presentaciones retornables o de menor tamaño, con un repunte en la demanda de la presentación de 1,350 mililitros.

Los ajustes en el gasto de los consumidores para adquirir en sus tiendas de barrio también generan dinámicas nuevas entre los proveedores de las mercancías y los tenderos. Alma Reyna, quien atiende el negocio familiar en la colonia Morelos, cuenta que para dar un empuje a las ventas, los representantes de marcas de refrescos y jugos optan por promociones como obsequiarles producto en la compra de determinadas piezas, las que pueden vender y tener una ganancia extra.

“Nos regalan productos y nos ayudan para que tengamos más mercancía de la que se vende más. Es una ayudadita y también lo hacen para no perder su comisión”, dice Reyna.

La mala noticia es que las maniobras no son suficientes para mitigar el impacto. La tendera cuenta que aunque sus clientes cambian de presentación o marca, hay un grupo que prefiere no comprar otros productos para mantener en su canasta cigarros, bebidas, jugos o leches. “Compran el cigarro, pero llevan menos huevo, en lugar de llevar por kilo, compran por pieza”, relata.

Las alzas de precio más fuertes son para los cigarros, con incrementos de alrededor de 20 pesos, mientras que para refrescos y bebidas azucaradas, los aumentos varían de acuerdo con su presentación.

Las ventas caen hasta 20%

El impacto para el sector es innegable. Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Asociación Nacional de Pequeños Comerciantes, comparte que como consecuencia de las alzas en los precios, la caída en las ventas ya se resienten entre el 15% y 20%. “Estamos adecuando la oferta. La gente ha ido acotando su consumo, cancelando o racionalizando algunas compras”, declara.

El representante de los pequeños comerciantes señala que tanto las bebidas azucaradas y carbonatadas como los cigarros son productos que se dejan de consumir o se cambian de marca solo en un lapso, ya que vuelven a sus tendencias, sin embargo, son otras mercancías de la canasta, como alimentos frescos o de cremería, las que mantienen el efecto del impacto.

Rivera comenta que entre los agremiados de la ANPEC señalan que en la cadena de proveeduría, desde refrescos, lácteos, embutidos y otras mercancías, una de las estrategias es el producto a consignación, además de surtir de forma constante aquellos de mayor demanda en los puntos de venta.

“Hay que apalancarse en aquellos productos que más se venden y tener un pilar de ofertas, además de garantizar la rotación de producto con el surtido, y los proveedores están muy atentos al abasto para no perder ventas”, declara el presidente de la ANPEC.

A pesar de las estrategias de los tenderos y las promociones de los proveedores, el incremento del IEPS deja claro que los pequeños negocios continúan enfrentando un desafío constante para mantener la rentabilidad y la lealtad de sus clientes. La adaptación, más que la resistencia, se ha convertido en la clave para sobrevivir en un escenario de precios más altos y consumo más selectivo.

El T-MEC se juega también en el Congreso de EU.

El T-MEC se juega también en el Congreso de EU.

El Capitolio emerge como freno a decisiones unilaterales del Ejecutivo, con capacidad para incidir en la agenda y en los cambios del acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

El futuro del T-MEC no se decidirá solo en la mesa de los gobiernos. El Congreso de Estados Unidos se perfila como un actor clave en la revisión conjunta del acuerdo comercial prevista para julio de 2026, un proceso inédito en la política comercial estadounidense que abre un nuevo espacio de supervisión legislativa sobre el tratado que rige el comercio en América del Norte.

El mecanismo de revisión conjunta quedó plasmado en el propio texto del T-MEC como parte de una cláusula que establece una vigencia inicial de 16 años, sujeta a evaluaciones periódicas cada seis años. El objetivo, según sus defensores, fue evitar que el acuerdo quedara congelado en el tiempo. Para sus críticos, la cláusula introdujo un factor de presión política permanente.

De acuerdo con el Servicio de Investigación del Congreso, la Ley de Implementación del T-MEC obliga al presidente de Estados Unidos a consultar con el Congreso antes de cada revisión conjunta. Esto implica que la Casa Blanca no puede llegar sola a la mesa trilateral con México y Canadá. Debe hacerlo tras informar, escuchar y rendir cuentas ante los comités de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes y de Finanzas del Senado, las instancias que concentran la autoridad legislativa en materia comercial.

Entonces, el Congreso aparece como un contrapeso clave frente al Poder Ejecutivo, y puede ser una aliado para México y Canadá.

Durante una audiencia sobre el tratado, el presidente del Comité de Finanzas del Senado, Mike Crapo, defendió el balance del T-MEC y recordó que se trata de uno de los acuerdos comerciales con mayor respaldo político en la historia reciente de Estados Unidos. En 2020, el Senado lo aprobó con una votación de 89 a 10, el apoyo bipartidista más amplio que ha recibido un tratado de libre comercio.

Crapo sostuvo que el T-MEC protege empleos estadounidenses, fortalece la manufactura nacional y sostiene el crecimiento económico. Para respaldar ese argumento citó que el comercio con México y Canadá respalda alrededor de 13 millones de empleos en Estados Unidos, una cifra comparable a la población total del noroeste del país.

No solo eso, desde la entrada en vigor del acuerdo, Canadá y México han invertido 775,000 millones de dólares en Estados Unidos, un aumento de 55% frente al periodo previo al T-MEC.

En el sector agropecuario, las exportaciones estadounidenses hacia ambos socios alcanzaron 60,000 millones de dólares, casi una tercera parte del total de las ventas agrícolas externas.

Reconoció que el T-MEC no es un acuerdo perfecto y que aún existen pendientes, sobre todo en la aplicación de sus compromisos. Señaló áreas donde, a su juicio, se requiere una supervisión más firme, como biotecnología agrícola, lácteos, comercio digital, energía, servicios financieros y propiedad intelectual.

El Congreso entra al tablero

El proceso de revisión está marcado por plazos precisos. Al menos 270 días antes de la cita de 2026, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos debe abrir una consulta pública y celebrar audiencias para recoger la opinión de empresas, sindicatos, organizaciones civiles y otros actores. A más tardar 180 días antes, debe entregar al Congreso un informe con su evaluación del funcionamiento del T-MEC, requisitos que ya se cumplieron.

Además, la USTR debe presentar las acciones que propondrá, la postura del Ejecutivo sobre la extensión del acuerdo y las opiniones de los comités asesores comerciales. Estas demandas colocan al Congreso en un papel activo, ya que los legisladores pueden evaluar si la administración cumple con la ley, cuestionar sus prioridades y presionar para que ciertos temas entren o queden fuera de la agenda. También pueden examinar los posibles efectos económicos de cualquier cambio y decidir si las modificaciones requieren nueva legislación.

La revisión de 2026 abre un terreno sin precedentes, porque se trata del primer acuerdo estadounidense sometido a este mecanismo, no existe una guía clara sobre su alcance. El Congreso puede optar por influir de manera directa en la definición de los temas a discutir, desde disputas bilaterales de larga data hasta posibles ajustes a las reglas de origen o al comercio libre de aranceles.

El propio documento del Congreso advierte que la revisión podría cruzarse con debates más amplios sobre la política arancelaria de Estados Unidos. Algunos legisladores cuestionan si el proceso del T-MEC es el foro adecuado para abordar aranceles impuestos bajo otras facultades presidenciales, como la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional o la Sección 232 por motivos de seguridad nacional.

Si de la revisión surgen cambios que requieran modificar la ley estadounidense, el Congreso deberá aprobar una nueva legislación de implementación. Incluso sin la vigencia de la autoridad de promoción comercial, los legisladores conservan herramientas para influir en el resultado, desde condicionamientos presupuestales hasta reformas legales que refuercen o limiten las facultades del Ejecutivo.

Nuevas agendas

Ese margen ya empieza a usarse. Dos legisladores republicanos de Florida, Vern Buchanan y Gus Bilirakis, presentaron un proyecto de ley para fortalecer el papel del turismo y los viajes dentro del T-MEC e integrarlo de forma explícita en la revisión. La iniciativa busca dar espacio a un sector clave para la economía regional, tradicionalmente relegado frente a industrias como la manufactura o la agricultura.

La propuesta plantea que la USTR impulse un grupo de trabajo especializado en viajes y turismo, con la participación de diversas agencias federales y del sector privado. El objetivo es identificar barreras, coordinar políticas y aprovechar mejor el potencial del turismo como generador de empleos, ingresos por exportaciones y crecimiento económico. Integrarlo de manera estructurada al tratado permitiría ampliar los beneficios del acuerdo más allá del comercio de bienes.

Durante su testimonio ante el Comité de Finanzas del Senado, Kevin Brady, ex presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, defendió al T-MEC como el estándar de referencia de los acuerdos comerciales de Estados Unidos y uno de los principales logros de la primera presidencia de Donald Trump. Recordó que el tratado obtuvo un respaldo político sin precedentes, con 385 votos en la Cámara de Representantes.

Brady subrayó que el éxito del T-MEC no puede entenderse sin la participación activa del Congreso, que impulsó reglas más estrictas, mayor transparencia y un proceso de revisión periódica que fortalece la supervisión del acuerdo. Para el exlegislador, la revisión sexenal y la vigencia de 16 años, que resultaron polémicas durante la negociación, ahora representan una oportunidad para actualizar el tratado sin debilitarlo.

Cerró su mensaje con una advertencia implícita. En un contexto de competencia global cada vez más intensa, el peso del T-MEC no disminuirá. Preservar y fortalecer la alianza con México y Canadá, afirmó, será clave para que Estados Unidos mantenga su posición económica y compita con éxito en la carrera por la innovación.

Jüsto volvió: así es comprar en la app tras su regreso a México.

Jüsto volvió: así es comprar en la app tras su regreso a México.

La app cerró en diciembre y regresó tras una ronda de financiamiento; con algunos productos aún ausentes, esta fue la experiencia de volver a comprar.

La última vez que intenté comprar en Jüsto previo a su cierre fue, sin saberlo, un día antes del anuncio. Era 14 de diciembre de 2025 y pretendía usar 400 pesos de cashback que tenía acumulados para mis compras de Navidad. El carrito estaba listo, pero nunca pude concretar mi pedido.

En la pasarela de pagos la app me pedía ingresar una dirección de entrega, pese a que ya estaba registrada. Intenté editarla, salir y entrar a la plataforma e incluso borrarla y volverla a ingresar, pero el sistema no me dejó avanzar.

En ese momento pensé que se trataba de un error temporal y que al día siguiente podría resolverlo. Pero ese “mañana” nunca llegó. El 15 de septiembre de 2025, Jüsto anunció de forma abrupta su salida de México, citando factores financieros, operativos y estratégicos, y yo me quedé con la sensación de haber perdido 400 pesos.

Un mes después, en enero, llegó otro anuncio: la plataforma regresaba. OMNi había adquirido el servicio. La pregunta inevitable era cómo se sentía comprar otra vez. Mi relación con Jüsto no es esporádica. Antes del cierre, era una compradora frecuente y formaba parte de Club Jüsto, una categoría que se conserva únicamente si se realiza al menos una compra mensual, y en la práctica mi consumo era mayor. De acuerdo con mi historial de pedidos, compraba en promedio dos veces al mes, lo que convirtió a la plataforma en parte de mi rutina de abasto. Volver a Jüsto, una compra después

Regresé a la tienda en línea este 10 de febrero de 2026. Al entrar a mi cuenta, lo primero que vi fue que ahí seguía ese carrito armado el 14 de diciembre de 2025, como una cápsula del tiempo digital. No estaba completo, faltaban los sopes congelados marca Jüsto que aparecieron como agotados.

Agregué un par de productos más, como carne, limones, jitomates, ajo en polvo, cebolla, endulzante, entre otros. No encontré aumentos de precios en los productos que compro de forma regular. La cartera de 30 huevos San Juan, por ejemplo, costaba lo mismo que antes: 94.40 pesos, y así ocurrió con el resto de la lista. También encontré productos de Costco —en mi caso, wontons congelados— que continúan ofreciéndose dentro de la app.

El envío y la cuota de servicio tampoco variaron, pagué 59.90 pesos por la primera y 39 pesos por la segunda, las mismas tarifas que en mi último pedido concretado en la app antes del cierre, el 5 de diciembre de 2025.

La sorpresa más grata fue que los 400 pesos de saldo seguían ahí y pude usarlos sin problema.

Elegí la entrega el mismo día, entre las cuatro y seis de la tarde, aunque también tenía la alternativa de programar para días posteriores. El pedido llegó a las 17:05 horas, dentro de la ventana prometida y el vehículo de entrega seguía brandeado con el logo de Jüsto. El resto de la experiencia fue como antes. El repartidor bajó las cajas negras hasta la puerta y me entregó los productos en las bolsas de siempre, selladas con la clásica cinta verde. En cuanto a la calidad, las verduras se mantuvieron al nivel habitual, pero no así la fruta. Las uvas que pedí llegaron algo marchitas, un detalle menor, pero perceptible para quien compra ahí con regularidad.

Donde sí se notan los cambios es en lo que ya no está. Además de los sopes congelados, no encontré champiñones sin rebanar, pan de masa madre en hogaza, arúgula en manojo —solo había empacada en bolsa— ni la salsa picante Yaya. Es más difícil identificar las ausencias porque la app ya no las señala de forma explícita. Antes, los productos fuera de stock aparecían al final de cada sección con una etiqueta que decía algo como “vuelve pronto”. Ahora, simplemente no están. Hay que buscarlos uno por uno para confirmar que desaparecieron.

En lo demás, la experiencia es similar a la de antes del cierre. La interfaz de la app es la misma, se mantienen los métodos de pago —incluidos los vales de despensa y la opción de pagar contra entrega— y la logística funciona con la puntualidad conocida. Más allá de algunos faltantes, la sensación general es que Jüsto regresó casi a la normalidad.

En su momento, la empresa dejó dudas recurrentes entre usuarios, como qué pasaría con los carritos que quedaban por entregar, sus cuentas, los saldos a favor o su información personal vaciada en la app. Algunos de esos cuestionamientos la empresa intentó responderlos a través de una página de preguntas frecuentes; otras se despejaron con su regreso.

Sin embargo, para el mercado persisten interrogantes de fondo sobre si este tipo de modelos de supermercado digital son sostenibles a largo plazo. El regreso de Jüsto ocurre en un contexto más amplio de ajustes en el sector de supermercados digitales y retail tecnológico. Incluso gigantes globales han tenido que replantear sus apuestas. En Estados Unidos, Amazon redujo la ambición de formatos como Amazon Go y Amazon Fresh, y decidió cerrar sus operaciones. Ese entorno añade incertidumbre y presión al regreso de Jüsto, en un mercado que sigue evaluando los límites y viabilidad de estos negocios, ya sin el impulso que les dio la pandemia.

El doble filo del superpeso para remesas, finanzas públicas y empresas.

El doble filo del superpeso para remesas, finanzas públicas y empresas.

La fortaleza del peso mexicano persiste y algunas instituciones como UBS proyectan que el tipo de cambio cierre 2026 cerca de los 17.20 pesos por dólar. ¿Pero quiénes ganan y quiénes pierden?

El “superpeso” mexicano persiste y pese a los episodios de volatilidad e incertidumbre que se acumulan en el año, la divisa emergente ya se apreció 4.53% y cotiza cerca de los 17 pesos por dólar. Incluso UBS, firma global de servicios financieros, ya modificó su perspectiva y anticipa que el tipo de cambio cotice en 17.2 pesos por dólar al cierre de 2026.

Pero un “superpeso” no es una buena noticia para todos. Y hay ganadores y perdedores, por ejemplo, existen efectos negativos para las finanzas del gobierno, las familias que dependen de remesas y las empresas exportadora

Al mismo tiempo, los importadores y empresas que tienen gastos y costos en dólares y ventas en pesos están reportando una ganancia extraordinaria derivada de la diferencia cambiaria.

Finanzas públicas: más ahorro en deuda, menos ingresos petroleros

Ramón de la Rosa, director de Estrategia de Mercados en Actinver, explica que la apreciación del peso tiene un efecto mixto sobre las finanzas públicas. Por un lado, cuando el peso se fortalece, el costo financiero de la deuda denominada en dólares disminuye al convertirlo a moneda nacional. Sin embargo, también se reducen los ingresos petroleros al convertir a pesos las ventas de crudo realizadas en dólares.

“De acuerdo con las sensibilidades de la Secretaría de Hacienda, por cada 50 centavos de apreciación cambiaria, los ingresos petroleros caerían 21,000 millones de pesos, mientras que el costo financiero bajaría 9,000 millones”, explica de la Rosa y enfatiza que, al final, el saldo neto es negativo.

Hacienda proyecta, en sus criterios generales de política económica para 2026, que el dólar cotice en 19.30 pesos por unidad a lo largo del año, en promedio, y cierre en un nivel de 18.90.

Banco Base llega a una conclusión similar con otras métricas, una apreciación de 20 centavos generaría un ahorro de 3,400 millones de pesos en el costo financiero, pero implicaría una caída de 8,300 millones en ingresos petroleros. En términos netos, el golpe supera al ahorro.

Es decir, un peso “demasiado fuerte” también puede convertirse en un problema fiscal, sobre todo en un contexto donde el gobierno busca mantener disciplina presupuestaria y depende de variables como el precio del petróleo, el crecimiento económico y las tasas de interés. A esto hay que añadir el reciente desplome de los precios del petróleo, ante una mayor oferta, una demanda que no crece y un posible apaciguamiento en las relaciones entre Estados Unidos e Irán.

Remesas, menos pesos en el bolsillo

El efecto también se siente en los hogares que reciben remesas. Cuando el peso se aprecia, cada dólar enviado desde Estados Unidos se convierte en menos pesos. El impacto final depende de si el crecimiento en dólares compensa o no la apreciación cambiaria. En 2025 ocurrió lo contrario.

De hecho, de acuerdo con el especialista de Actinver, las remesas en dólares cayeron 4.6% anual y, al sumar una apreciación de 13% del peso frente al dólar, el ajuste en pesos fue de -17%. Es decir, las familias no solo recibieron menos dólares, sino que cada dólar valió menos al convertirlo.

En un país donde las remesas superan los 60,000 millones de dólares anuales y representan una fuente clave de ingreso en muchas regiones, este efecto cambiario tiene implicaciones directas sobre el consumo local.

Exportadores e importadores, ¿quién gana?

Por otro lado, de acuerdo con UBS el tipo de cambio cercano a 17 pesos por dólar refleja, más allá de la especulación financiera, cada vez más los fundamentos sólidos de la economía de México y enumera, por ejemplo, mejora en la balanza comercial no petrolera, exportaciones récord y una política monetaria cautelosa por parte de Banxico.

Sin embargo, para las empresas exportadoras, un peso fuerte implica menores ingresos en pesos por cada dólar vendido al exterior. Sectores como el manufacturero o el agroexportador ven comprimidos sus márgenes si no logran trasladar costos o aumentar productividad.

En contraste, las compañías importadoras se benefician: insumos, maquinaria y bienes intermedios se abaratan en términos de pesos, lo que puede ayudar a contener costos e incluso presiones inflacionarias.

Kimberly-Clark de México, por ejemplo, es vista por Actinver como una de las empresas más beneficiadas del entorno cambiario actual, ya que “cerca del 60% de sus materias primas son dolarizadas, y sus ventas en pesos, este beneficio por el tipo de cambio ya se empezó a reflejar en sus resultados recién publicados del cuarto trimestre de 2025”, explicó Antonio Hernández, Director Análisis Fundamental de Consumo de la firma.

Las Pequeñas y Medianas empresas también se ven sometidas a los efectos de un peso fuerte y, por lo general, esto las lleva a confiarse en que podrán seguir importando insumos más baratos, debido a la debilidad del dólar. No obstante, Nicolás Eguiarte, director de desarrollo comercial y crecimiento de Banco Base, si el peso sube “no quiere decir que se va a quedar así, ya que el mercado se puede comportar, en cualquier momento, muy fuera de la planeación del presupuesto”.

Las pymes sin coberturas

En el caso de los exportadores, ejemplifica, sí puede haber un impacto real. “En abril de 2025 estabas en 20.80 pesos por dólar y en noviembre ya estabas por debajo de 18. Son casi tres pesos por dólar, ¿de dónde vas a sacar esos tres pesos por cada dólar que estás dejando de recibir?”, señala.

Además, cuando el dólar está muy barato, también se complican los pagos de la nómina. Por ejemplo, una empresa exportadora tenía que vender 100,000 dólares que, convertidos a pesos, eran suficientes para pagar el salario de los empleados. Mientras más se aprecia el peso, el exportador tendrá que vender ahora 110,000 o 120,000 dólares para cumplir con esta obligación, explica Eguiarte y resalta que por eso es importante contratar coberturas para el cambio de divisas.

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