
La Bolsa Mexicana de Valores espera un difícil inicio de 2026, debido a la revisión del T-MEC, a la toma de utilidades y a un reacomodo táctico de los inversionistas.
Después de un año, el IPC de la Bolsa Mexicana de Valores se perfila para cerrar 2025 con una ganancia acumulada de 28.4%, superando ampliamente las proyecciones estadísticas. Los mercados emergentes tuvieron también uno de sus mayores rendimientos anuales. Y tras un año de tensiones comerciales, los expertos aun ven espacio para que este tipo de mercados sigan atractivos en 2026. No obstante, la BMV podría tener un retroceso por factores tácticos y por la revisión del T-MEC, al menos en el primer semestre.
El principal índice mexicano alcanzó máximos históricos y validó un patrón visto en ciclos previos (2000, 2008, 2018) donde un desplome fuerte (como el de 2024, cuando cayó 13.7%) es seguido por un repunte de entre 10% y 20% en los 12 meses posteriores, de acuerdo con los modelos de Monex.
Pero este comportamiento no implica continuidad automática. Los modelos de Monex proyectan para el primer semestre de 2026 una corrección promedio de -5%, consistente con episodios de “normalización” después del rebote. Hacia el cierre del año, el Índice podría ubicarse entre 60,400 y 67,250 puntos, dependiendo de la intensidad de la volatilidad derivada del proceso institucional más relevante del año: la revisión del T-MEC.
2026: Entre tendencias y revisión del T-MEC
Monex encuentra un segundo patrón clave en la incertidumbre comercial y observa que cuando México enfrenta episodios de renegociación del T-MEC, el mercado reacciona con correcciones moderadas. En una muestra de cinco semestres ligados directamente al proceso comercial (2017-2020), el IPC registró un promedio de -4.9% en los primeros semestres, y una ligera recuperación en los segundos semestres (+1.1%), de cada año.
Esto sugiere que 2026 será un año de sensibilidad elevada, con ajustes tácticos más que con un deterioro estructural que comprometa el desempeño en el mediano plazo.
"Nuestro estimado fundamental para el cierre de 2026 es de 68,500pts, pero basado en aspectos estadísticos y de manera complementaria, podríamos esperar que en los próximos 12 meses el IPyC se aproxime hacia niveles de 64,750 pts", señaló Monex.
Mientras México atraviesa un 2026 marcado por la revisión del T-MEC y las tensiones propias de su agenda interna, el mundo parece abrir una ventana de oportunidad para los mercados emergentes.
Según UBS, el nuevo año llega con tres vientos que suelen empujar a estas economías: una Reserva Federal inclinada a recortar tasas, un dólar menos dominante y un ciclo de commodities más favorable. Es una constelación poco frecuente que, en otras épocas, ha detonado flujos hacia países con mayor crecimiento marginal y valuaciones más atractivas.
Pero no se trata solo de una suerte de “momento cíclico”. UBS observa un cambio estructural: la línea que separaba a los mercados desarrollados de los emergentes ya no es tan nítida.
Tras años de crisis sucesivas, muchos emergentes fortalecieron sus bancos centrales, corrigieron excesos fiscales y consolidaron marcos de política monetaria creíbles. Ese giro institucional permite que hoy puedan recibir los beneficios de un entorno externo más benigno desde una posición de mayor estabilidad.
"Los mercados emergentes siguen cotizando con un descuento considerable respecto a sus pares globales, y el posicionamiento se mantiene conservador, con potencial de aumento de las asignaciones globales.
Nuestros mercados preferidos son el tecnológico chino, China, India, Brasil e Indonesia", señaló UBS en el reporte Investing in emerging markets 2026.
En ese marco, UBS mantiene su recomendación “attractive” para las acciones emergentes y anticipa que las utilidades del MSCI EM crecerán 11% en 2025 y 16% en 2026, un ritmo difícil de replicar en economías avanzadas.
Con valuaciones aún deprimidas y una exposición global relativamente baja, la región luce como un terreno fértil para nuevos flujos. México, además, aparece destacado en el frente cambiario: el peso comparte con el real brasileño y la rupia india el grupo de divisas que podrían beneficiarse más de un dólar en retirada.

China pasó de ser mercado interno a exportador dominante de vehículos eléctricos. GM importa bajo marca propia, Ford aprende del rival y Stellantis apuesta por una startup china como parte estructural de su portafolio.
China pasó de ser un gran mercado interno a un exportador dominante de vehículos, especialmente eléctricos, con costos, velocidad de desarrollo y escalas que hoy presionan a los gigantes históricos de Detroit.
General Motors, Ford y ahora Stellantis observan el fenómeno desde trincheras distintas. Todas reconocen el avance industrial chino, pero no lo enfrentan con las mismas herramientas. Mientras unas importan producto bajo sus propias marcas o replantean su ingeniería a partir de lo aprendido, Stellantis optó por integrar directamente a una startup china a su portafolio global.
El caso de GM es quizá el más visible en el mercado mexicano. A partir de su alianza histórica con SAIC Motor en China, el grupo decidió traer a México vehículos fabricados por su socio asiático, pero bajo la marca Chevrolet, con el objetivo de competir con precios agresivos en los segmentos de entrada, justo donde hoy se libra buena parte de la batalla.
Ford, en cambio, ha hecho del aprendizaje directo un mensaje público. Su CEO, Jim Farley, encendió el debate en la industria cuando admitió que conduce un vehículo eléctrico chino, el Xiaomi SU7, para entender de primera mano la competencia. No fue un gesto aislado, sino una declaración estratégica sobre la magnitud del reto.
Farley ha descrito el avance de China en vehículos eléctricos como “lo más humillante” que ha presenciado en su carrera, al referirse a la velocidad con la que los fabricantes chinos cerraron brechas tecnológicas y de calidad. También ha advertido que, si no se compite al mismo nivel, China podría dominar la industria global de los eléctricos.
Ese diagnóstico llevó a Ford a ajustar su enfoque hacia modelos con mayor contenido tecnológico y ciclos de desarrollo más rápidos, en un intento por acortar distancias frente a competidores que ya juegan con otras reglas de costo, integración y escala productiva.
Una marca china, dentro del portafolio global
Stellantis eligió un camino distinto. En 2024 cerró una alianza de comercialización con Leapmotor, una startup china de vehículos eléctricos y de rango extendido. Con ese movimiento, el grupo sumó a su portafolio —donde conviven marcas icónicas como RAM, Jeep, Dodge y Peugeot— a un jugador nacido en la nueva era de la electromovilidad.
A diferencia de los esquemas de importación bajo marca propia o de simple observación tecnológica, Stellantis apostó por integrar una marca china como marca, con identidad, producto y red comercial propios fuera de China.
“Por qué tener una marca de vehículos eléctricos. Porque tienes que estar ahí”, explica Juan José Yanez, director de marca Leapmotor en México, al justificar la decisión de traer la marca al país. La apuesta, dice, no es por un eléctrico puro tradicional, sino por una tecnología diseñada para mercados que aún enfrentan barreras de infraestructura.
Leapmotor basa su estrategia en los vehículos eléctricos de rango extendido. Se trata de modelos que incorporan un motor de gasolina que no mueve directamente las ruedas, sino que funciona como generador de electricidad, que permite una autonomía de mil kilómetros. La lógica es atacar de frente la principal barrera percibida en mercados como México: la ansiedad por la carga y la limitada red de infraestructura para vehículos eléctricos puros.
En términos corporativos, la marca no fue adquirida de manera tradicional. “Existe una alianza que se hace que es un joint venture con Big Motor China. Ese joint venture define que todo lo que se venda fuera de China es responsabilidad de Stellantis”, explica el directivo sobre la estructura del acuerdo.
Para Leapmotor, la alianza significó acceso a una red global que no tenía. Para Stellantis, la oportunidad de incorporar una marca que ya trae tecnología, producto y velocidad de desarrollo. “Tú tienes una marca que hoy día es un startup, la número uno en China como startup”, describe Yanez.
El crecimiento ha sido acelerado. Fundada en 2015, Leapmotor pasó de ser un actor marginal a un jugador con presencia internacional. Tras la alianza con Stellantis, ya tiene operaciones en más de 40 países y, al cierre de 2024, había colocado más de un millón de vehículos fuera de China, con un crecimiento que el propio grupo califica como exponencial.
La apuesta en México: tres modelos de rango extendido y agencias propias
México será parte de ese despliegue global a partir de 2026. “Estamos arrancando el año 2026 con un objetivo de vender 6,500 unidades”, anticipa Yanez sobre el primer objetivo de ventas de la marca en el país.
La oferta inicial estará compuesta por tres modelos: el B10, un SUV compacto; el C10, un SUV mediano; y el C16, un SUV grande de tres filas con capacidad para seis pasajeros. Todos se importarán desde China en una primera etapa.
“De momento”, responde el directivo cuando se le pregunta si toda la producción llegará desde Asia, dejando abierta la posibilidad de una mayor integración productiva en América en el futuro, aunque sin compromisos formales por ahora.
En términos de distribución, Stellantis optó por un esquema de red independiente. Leapmotor no se venderá mezclada con las marcas tradicionales del grupo. La red será “stand alone”, con agencias específicas, aunque en algunos casos puedan coexistir físicamente con otros concesionarios del conglomerado.
Para México, la llegada de Leapmotor no solo amplía la oferta de vehículos de nueva energía. También confirma que el corazón de la nueva competencia ya no late únicamente en Detroit, Wolfsburgo o Tokio, sino cada vez con más fuerza en las fábricas, laboratorios y startups de China.

Analistas de la institución financiera prevén inflación arriba de 4% por el impacto de los aranceles de México a China.
Los efectos de los aranceles a productos de origen asiático y los incrementos al salario mínimo son los principales retos para la inflación en 2026.
Los analistas de Citi México destacaron la inflación general se mantendrá por encima de 4% para el próximo año ya que los aranceles a China tendrán un efecto en los productos importados.
"El hecho de que también puedas tener productos intermedios más caros, eventualmente te puede afectar en la producción de los insumos y de los productos finales", dijo Julio Ruiz, economista en jefe de Citi México.
Por el lado del salario mínimo, los incrementos que se aprobaron para el siguiente año repercutirán principalmente en la inflación de servicios, un segmento que por meses se niega a ceder.
"Probablemente vamos a seguir viendo esta persistencia o estas aceleraciones en los servicios mucho más lenta de lo que se esperaba", dijo Ruiz. "Es decir, no vamos a ver la inflación de servicios por debajo de 4%".
El analista destacó que los incrementos en el salario mínimo, especialmente en sectores que tienen mano de obra bajo estos salarios, como los restaurantes, se traducen en costos importantes que se reflejan en los precios al consumidor, contribuyendo a la persistencia de la inflación de servicios.
Crecimientos de 1%
Los analistas estiman que, para este año, el crecimiento sea de 0.2% y para el 2026 de 1%.
Ruiz destacó que una buena negociación del T-MEC podría aumentar el pronóstico del 1% debido a que las empresas podrían unirse a la ola de la relocalización.
Los expertos destacan que si la renegociación del tratado se extiende más allá de mediados de 2026, la inversión esperada se retrasaría hasta el próximo año, lo que resultaría en un crecimiento débil, por debajo de 1% estimado.

A principios de diciembre, el Departamento de Estado de EU exigió un plan para cumplir con la cantidad de agua que México no entregó a Estados Unidos, como establece un convenio entre ambos países.