
La revisión de 2026 abre un debate entre quienes buscan proteger inversiones e integración, quienes temen por los precios y quienes reclaman una nueva arquitectura laboral.
Las automotrices japonesas no buscan privilegios ni reacomodos en la revisión del T-MEC en 2026: quieren proteger 87,000 millones de dólares invertidos en Norteamérica y preservar la integración económica entre México, Estados Unidos y Canadá.
El peso de Japón en el sector es relevante, pues es el tercer mayor fabricante de autos del mundo, una potencia que mueve marcas globales y opera una de las redes productivas más profundas de la región.
En su escrito a la Oficina del Representante Comercial (USTR) de Estados Unidos, la Asociación de Fabricantes de Automóviles de Japón (JAMA) afirmó que el acuerdo sostiene su expansión regional y que cualquier alteración daña la competitividad del bloque.
JAMA agrupa a 14 fabricantes, incluidos Toyota, Honda, Nissan, Mazda, Mitsubishi, Subaru, Suzuki, Isuzu, Hino, Daihatsu, Yamaha y Kawasaki.
La postura del sector evita jerarquías, subraya que su red trinacional no rebaja el papel de Estados Unidos, lo fortalece. En ese país operan 25 plantas, en México 12 y en Canadá 5. Se trata de instalaciones de vehículos, motores, transmisiones, partes y baterías que sostienen una cadena que cruza fronteras de forma constante.
Las operaciones mexicanas y canadienses reducen costos, amplían eficiencias y sostienen la viabilidad de nuevas inversiones en Estados Unidos, donde la inversión acumulada ronda los 66,000 millones de dólares.
Motores ensamblados en Ohio llegan a líneas en Guanajuato u Ontario, mientras transmisiones y partes fabricadas en México y Canadá sostienen el ensamble estadounidense. El T-MEC creó la zona libre de aranceles que permitió planear inversiones de largo plazo y mantener precios accesibles para consumidores presionados por la inflación y el costo del crédito.
JAMA afirma que su modelo empresarial exige fabricar cerca de donde venden. Alrededor de 75% de los vehículos que comercializan en Estados Unidos se arma dentro de Norteamérica y la mitad surge directamente de plantas estadounidenses. Las unidades que no se venden ahí se mueven a México y Canadá.
La asociación también destaca nuevas apuestas en Estados Unidos en electrificación. Toyota inauguró su planta de baterías en Carolina del Norte, Honda avanza en su instalación conjunta con LG Energy Solution en Ohio e Isuzu construye una fábrica de camiones en Carolina del Sur, pero estas inversiones dependen de reglas claras y coordinación regional.
JAMA sostiene que la permanencia del T-MEC protege el valor de la inversión japonesa en la región y mantiene a Norteamérica como plataforma automotriz de referencia global.
T-MEC sostiene precios accesibles
Por otra parte, los concesionarios de marcas internacionales, agrupados en la American International Automobile Dealers Association (AIADA), también enviaron sus comentarios a la USTR, en los cuales recalcan que la integración con México y Canadá es esencial para mantener los precios de los vehículos bajo control y evitar una crisis de asequibilidad que ya presiona a millones de familias.
Al fortalecer la fabricación regional, el T-MEC ayuda a reducir picos de precios y sostiene un suministro más estable, un punto que la asociación considera decisivo en un momento en el que adquirir un auto nuevo se acerca a un lujo.
La advertencia llega con cifras que retratan el tamaño del problema de los aranceles que ya se aplican al sector. El precio promedio de un vehículo nuevo superó los 50,000 dólares por primera vez en septiembre de 2025. El pago mensual ronda los 800 dólares.
De acuerdo con el Center for Automotive Research, los aranceles costarán a los fabricantes un promedio de 4,600 dólares por vehículo para 2027 y pondrán en riesgo 3.9 millones de ventas en los próximos tres años.
AIADA recalca que esos impactos no solo llegarían a las plantas de ensamble. Se sentirían en los concesionarios, donde cada caída en ventas implica menos contrataciones, reducciones de horarios y un freno en el apoyo comunitario.
Sindicato de EU se queja de México
El sindicato automotriz de Estados Unidos (UAW) acusa a México de mantener salarios deprimidos, incumple obligaciones laborales del acuerdo y alimenta una estructura que, según afirma, incentiva el cierre de plantas en Estados Unidos y desplaza empleos hacia instalaciones con sueldos de pobreza en el sur de la frontera.
El sindicato sostiene que la dinámica actual perpetúa un modelo desigual. En su análisis, cita al Independent Mexico Labor Expert Board, que concluyó que “México no está en cumplimiento con sus obligaciones laborales bajo el T-MEC” y que el acuerdo fracasó en reducir la brecha salarial.
Dice que, mientras los salarios promedio en Estados Unidos y Canadá crecieron de forma constante desde 1991, los de México permanecieron estancados por más de dos décadas.
También acusa que la integración comercial favoreció a las corporaciones y no a los trabajadores. Una de las propuestas del sindicato incluye la creación de un “piso salarial norteamericano” a través de un wage floor sectorial, es decir, definir cuánto debe ganar como mínimo cualquier trabajador del sector.
A diferencia del sector empresarial, para el sindicato la revisión de 2026 no puede ser una actualización menor, sino una reescritura completa.
La llegada de Mario Gabelli se inserta en un momento en el que la empresa busca su rentabilidad, por lo que su presencia podría cambiar la estrategia del Grupo.
En los últimos dos años, Televisa ha estado sujeta a cambios estructurales: escindió sus activos —Club América, Estadio Azteca, juegos y publicaciones— para pasarlos a otra empresa con la finalidad de revitalizar sus negocios. La decisión busca enfocar sus esfuerzos en telecomunicaciones a través de Izzi y Sky.
Pero los cambios no terminaron en los activos. De manera más profunda, el gigante de los medios de comunicación vive cambios en su estructura de inversionistas: el fondo Dodge & Cox vendió prácticamente toda su participación que tenía en la empresa, de la cual era el segundo mayor accionista. Pasó de tener el 13.6% de participación a 0.04% al cierre de noviembre.
A cambio, Eduardo Tricio Haro, el presidente del Consejo de Administración de Grupo Lala, adquirió una participación de 7.2% de capital, sin intenciones de influir en la compañía.
Pero el movimiento más reciente y que ha llamado la atención de los analistas bursátiles y de la industria de telecomunicaciones es la llegada de Mario Gabelli, el CEO de GAMCO Investors, a Grupo Televisa con la adquisición de 5.5% de la empresa, cuyo monto de transacción fue valuado en más de 182 millones de dólares, según Investing, plataforma de mercados financieros.
El fundador de GAMCO Investors es uno de los inversionistas más influyentes y respetados en Wall Street. Gestiona desde Nueva York un grupo de fondos con una larga tradición en el value investing –búsqueda de empresas subvaluadas con potencial de revalorización–.
Su interés en Televisa no es una coincidencia. La compañía atraviesa por un momento en donde busca alcanzar la rentabilidad debido a que sus negocios de telecomunicaciones — Izzi y Sky— afrontan retos financieros por los cambios de hábitos entre los consumidores que ahora prefieren a las plataformas digitales sobre la televisión de paga.
Solo en el tercer trimestre de este año, Televisa registró una caída en sus beneficios de 1,932 millones de pesos, acompañado de una disminución de 4.8% en sus ingresos y una desconexión de 329,000 clientes de Sky.
Los impactos financieros que arrastra Grupo Televisa llevaron a Moody's Ratings a rebajar su calificación como emisor y deuda sénior a ‘Ba1’ desde ‘Baa3’ en julio pasado. La valoración de la calificadora significa que la solvencia de la empresa ha disminuido y se encuentra en una categoría especulativa con un riesgo crediticio sustancial.
Roberto Solano, gerente de análisis económico, bancario y bursátil de Monex, explicó que el perfil con el que cotiza Televisa coincide con el que apuesta Gabelli.
El inversionista ve en Televisa la posibilidad de mejorar su operación gracias al Mundial, que podría significar para la compañía mayores ingresos en términos publicitarios y para sus negocios de streaming y conectividad.
Pero también, asegura el analista, su entrada como accionista de Televisa puede influir en la estrategia que ha mantenido en los últimos dos años: unificar Izzi-Sky. Este cambio vendría principalmente de su participación en asambleas y procesos de votación.
Si bien las decisiones estratégicas provienen del management, es en la asamblea donde inversionistas relevantes —incluido Gabelli— pueden cuestionar, matizar o impulsar nuevas líneas de acción.
"Su presencia personal o la de representantes que voten en su nombre, abre la puerta a comentarios y propuestas que podrían aportar valor a la administración, ya sea para reforzar una estrategia existente o para reorientar prioridades hacia oportunidades futuras".
Además, Gabelli aporta una perspectiva distintiva gracias a su experiencia en análisis y gestión dentro de múltiples sectores e industrias. Su participación como inversionista le permite absorber y comparar información fundamental de diversas empresas, lo que podría traducirse en sugerencias estratégicas útiles para Televisa.
En la actualidad, tiene inversiones en sectores diversos: telecomunicaciones, servicios financieros, consumo, manufactura y entretenimiento.
"Al contar con una visión más amplia del mercado y de las tendencias globales, Gabelli podría impulsar a la compañía a explorar enfoques alternativos, identificar nuevas oportunidades de negocio o ajustar su estrategia para mantenerse competitiva frente a los cambios del entorno", añadió Solano.
El reacomodo accionario no es solo un movimiento financiero, sino parte de una reingeniería integral de la empresa para adaptarse a las nuevas dinámicas del mercado de medios y telecomunicaciones, con un enfoque claro en la disciplina financiera y la consolidación de sus negocios principales.
“La coyuntura en dónde se enmarca la entrada de Gabelli es importante porque Televisa se encuentra en un momento de recuperación en la acción y parece que el tema de la rentabilidad y de lo que viene a futuro puede ser alentador", anticipó el analista financiero de Monex.
Victoria Rodríguez, gobernadora de Banco de México, dijo que la nueva moneda de un peso, fabricada con acero recubierto de bronce, estará en circulación el próximo mes.
La nueva moneda de un peso, cuyo núcleo será de acero recubierto de bronce, comenzará a circular en diciembre.
La gobernadora del Banco de México (Banxico), Victoria Rodríguez, dijo que ante el cambio en la aleación de monedas de 1, 2 y 5 pesos , el primer cambio se verá el próximo mes.
"En esencia son iguales: tienen el mismo peso, las mismas dimensiones, el mismo diseño y están preparadas para ser aceptadas en todos los equipos que aceptan monedas", aseguró Rodríguez. "Las de 1 peso ya están acuñadas y salen en diciembre; las de 2 y 5 pesos estarían saliendo el año que entra".
Las monedas de estas denominaciones originalmente se fabrican en bronce y aluminio pero, tras una política que busca una reducción de hasta 400 millones de pesos, el material del núcleo será de acero recubierto de bronce, bajo una técnica conocida como electrodepositado o electrochapado.
Esta técnica en la industria de la acuñación de moneda metálica ha sido adoptada por la mayoría de las casas de moneda alrededor del mundo.
La gobernadora negó que el país enfrente un desabasto de monedas y destacó que el banco central está haciendo una campaña para que se usen las monedas de todas las denominaciones.
"Es una campaña que invita a usar las monedas olvidadas, las que se nos quedan por ahí en el cajón", destacó.
La gobernadora puso fin a una serie de rumores sobre la emisión de un nuevo billete de 2,000 pesos y dijo que el retiro de los billetes de 20 pesos son sólo de la familia F, como ya había informado el banco en meses previos.
Rodríguez añadió que en los últimos años se ha visto una mayor adopción de los medios de pago electrónico.
"Estamos trabajando constantemente para poner a disposición del público mejores servicios a disposición del público para que puedan realizar pagos digitales", dijo.
La siderurgia de EU señala que el mayor aumento de acero importado fuera de la región proviene de México, mientras el sector mexicano recuerda que Norteamérica produce 106 millones de toneladas y consume 130 millones.
La industria siderúrgica de Estados Unidos encendió las alertas por el papel de México en el desbalance del mercado norteamericano. El American Iron and Steel Institute afirma que el país se volvió el principal punto de crecimiento de importaciones de acero provenientes de fuera de Norteamérica, una tendencia que presiona el T-MEC y debilita la lógica de integración regional que el tratado buscó consolidar.
El documento enviado a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos detalla que las compras externas de México y Canadá desde países no pertenecientes al bloque, aumentaron de 12.3 millones de toneladas en 2014 a 21.5 millones en 2024.
"Un aumento de 75% en solo 10 años", destaca la asociación que agrupa y representa a los principales productores de acero de Estados Unidos, y a empresas que integran su cadena de suministro.
La mayor parte de este incremento ocurrió en México (alrededor de 16 millones de toneladas). La gráfica incluida en el informe destaca que estas importaciones ya representan 45% del mercado mexicano.
México y Canadá aún no toman las medidas adecuadas para frenar el aumento repentino de la sobrecapacidad mundial de acero, principalmente de China, en sus respectivos mercados nacionales.
Sostiene que este flujo de producto externo tiene efectos directos sobre la industria estadounidense. Argumenta que el acero importado por México se utiliza en sectores intensivos como el automotriz, lo que reduce oportunidades de exportación para los fabricantes norteamericanos y debilita los incentivos creados por el T-MEC para fortalecer el contenido regional.
El AISI recuerda que el tratado exige que 70% del acero comprado por cada ensambladora sea de origen norteamericano, pero advierte que esta regla no se ha implementado por completo, especialmente la parte relacionada con la norma de melt and pour.
Explica que el origen real del acero se determina en el punto donde se funde y se vierte por primera vez en su forma sólida, una etapa que concentra la mayor parte del valor económico, la inversión y el empleo del sector. Sin esta regla, el acero fundido y colado fuera de Norteamérica puede transformarse de manera superficial en México o Canadá y obtener trato preferencial bajo el T-MEC, lo que abre espacios para el desvío de comercio.
También advierte que parte de ese material llega a México, recibe procesos mínimos y después cruza la frontera como mercancía mexicana o canadiense para evadir los aranceles estadounidenses establecidos bajo la Sección 232.
Para corregir estas distorsiones, AISI propone que México adopte una política comercial idéntica a la de Estados Unidos bajo la Sección 232. La recomendación consiste en establecer un arancel de 50% a todas las importaciones de acero de origen no norteamericano, sin excepciones por acuerdos comerciales. Esta medida permitiría crear un “muro tarifario” común que frene el desvío de comercio y evite que el acero externo entre por el eslabón más abierto de la región.
También solicita cambios internos en México. Señala que programas como IMMEX, PROSEC y la Regla 8 facilitan la entrada temporal o con tarifas reducidas de insumos que después pueden enviarse a Estados Unidos sin enfrentar la carga arancelaria que fue diseñada para proteger la industria regional. AISI pide que estos mecanismos sean revisados para evitar que se conviertan en rutas de evasión.
La transparencia es otro punto central. El instituto afirma que México no publica siempre los datos completos sobre importaciones de acero y urge a que el país libere información detallada sobre todos los flujos, incluido el origen melt and pour, con el fin de detectar transbordos, subvaluación y errores de clasificación.
Estados Unidos y Canadá ya recaban esta información, por lo que AISI considera que México debe equiparar sus prácticas. Con la revisión del T-MEC en el horizonte, la industria del acero estadounidense presiona para que la región adopte un frente común ante la crisis global de sobrecapacidad.
La visión de México
La Cámara Nacional del Acero (Canacero) en México también envió sus comentarios a la USTR. En 2024, Norteamérica produjo 106 millones de toneladas de acero, muy por debajo de las 130 millones que consumió.
La brecha muestra que Estados Unidos, México y Canadá no tienen capacidad suficiente para abastecer su propio mercado. La organización afirma que, ante una emergencia, México y Canadá serían los únicos proveedores confiables para Estados Unidos. Por eso, señala, la aplicación de aranceles bajo la Sección 232 a productos mexicanos debilita la capacidad regional en lugar de fortalecerla.
En marzo de este año, Donald Trump impuso un arancel de 25% al acero y meses después lo elevó a 50%. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, afirma que una de sus prioridades es lograr una ventaja para el sector antes de la revisión del T-MEC en 2026.
La Canacero indica que, para cerrar el déficit, Norteamérica necesita inversiones masivas y una transición que permita importar temporalmente acero semiterminado sin afectar el comercio dentro de la región. Esta flexibilidad, afirma, debe servir para garantizar insumos mientras se incrementa la capacidad productiva.
Propone un concepto que coloca en el centro del debate: Fortress North America. La idea busca que los tres países actúen como bloque, alineen sus políticas industriales y adopten una defensa común frente a las distorsiones comerciales de terceros países. El principio incluye trato igual en medidas contra prácticas desleales, coordinación aduanera estricta, digitalización completa del comercio y eliminación de barreras internas que frenen el intercambio regional.